ANTES DE DIVORCIARTE,
RESUELVE TUS CONFLICTOS INTERNOS
Todos los que tienen que pasar por un
Divorcio, atraviesan por una
etapa previa de grave conflicto interno, y es que, simultáneamente a la grave crisis previa que sufren cuando están acabando su relación, sienten graves sentimientos de culpabilidad, y, al mismo tiempo, se sienten traicionados por sí mismos.
En ocasiones, puedes reconocer que tu vida sería mejor que si acabases con esta relación que te atormenta.
Reconocer el conflicto por las distintas partes de uno mismo a causa del posible
impacto emocional que podría causar un Divorcio, es normal, y
es parte del proceso de preparación y de deliberación del mismo, para cuando tenga lugar la ruptura.
El
ciclo del Divorcio, normalmente, comienza cuando uno de los esposos, empieza a albergar en su cabeza, las primeras ideas sobre la posible separación, y se inicia, de esta forma, a alojar los primeros pensamientos de
cómo poner término a su relación matrimonial.
La separación, en estos momentos, a pesar de que puede ser considerada como un
alivio, es un sentimiento encontrado, y todavía
no se ha madurado lo suficiente la decisión, como para llevarla a cabo.
Será en una
segunda fase, cuando completamente madurada, la idea se transforme de una mera hipótesis a una
decisión rotunda.
Durante todo este tiempo, Juan estaba pasándolo muy mal cuando se planteaba
qué hacer con su Matrimonio, alegando estar confuso, en conflicto y dividido.
No parecía sentirse feliz ni en paz consigo mismo,
ni permaneciendo en su Matrimonio, ni rompiéndolo.
Su esposa le agredía continuamente, pero tampoco tomaba ninguna decisión al respecto, en muchas ocasiones le llamaba débil y
trataba de forzarle a que fuese él el que tomase la decisión final.
La situación se hacía insostenible. Estaba sujeto a tratamiento psiquiátrico. El psiquiatra, le pidió que hablase con claridad, le escuchó, en un principio comenzó a decir que ya no sentía ninguna pasión por su Matrimonio, pero al minuto comenzó a dar rodeos hablando de lo buena madre que era su esposa.
Todas sus
palabras estaban llenas de confusión. Cada vez que comenzaba a hablar, el psiquiatra le cortaba, hasta que al final, el terapeuta, cansado, le dijo que sólo quería oír la parte de él que necesitaba salir de tan tumultuoso túnel, y en este momento, Juan, comenzó a sudar, cual poseso.
El psiquiatra, le preguntó: "¿Qué te ocurre?" Y él le contestó:
“Me siento culpable”, y el facultativo le preguntó que cuál era la razón, y Juan, le explicó que un día se prometió a sí mismo, que nunca seguiría los pasos de su padre, que
los abandonó a él y a su madre cuando era muy niño.
Con su voz ya aclarada, su confusión y aturdimiento había desaparecido, podría decirse que su vieja promesa,
estaba en conflicto con su deseo presente de poner fin a su Matrimonio, y mientras él continuaba consternado con aquellas dos partes de sí mismo, finalmente,
fue capaz de tomar una decisión con la que quedó en paz, y varios meses después, fue capaz de ejecutar la decisión que él y su esposa deseaban: poner fin a su Matrimonio.
Al fin y al cabo, el Matrimonio, hacía tiempo que estaba roto, pues el amor se había marchitado.
La decisión estaba tomada, solamente quedaba ejecutarla.
Se abandonaba, de esta forma, una
convivencia llena de angustias y sinsabores, de cara a un futuro que se preveía, en estos momentos, incierto, pero que se preveía sin duda
mejor para ambos.
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