¿ERES VÍCTIMA DEL ABUSO EMOCIONAL?:
CONOCE TU PERFIL
Las historias de
Abuso Emocional, se producen con gran frecuencia, en las parejas donde generalmente, la
mujer ha sido
víctima del abuso por lo que ha perdido gran parte de su autoestima, lo cual, ha aumentado el riesgo de sometimiento.
Normalmente, coexisten en esta realidad, ciertos condicionantes que facilitan la
interacción enfermiza.
En el caso de la
mujer, suelen ser: una
falta de formación para acceder a una independencia económica (no siempre),
problemas de salud o ciertas
etapas de mayor debilidad emocional, como la crianza de los hijos mientras son pequeños.
Todas estas
características configuran un
perfil tipo de la víctima que podremos llamar
“abusado”, y que tiene rasgos propios, como son:
• Tiene
gran dificultad para ser consciente de cómo el abuso va subiendo de grado. Los conflictos le parece que son siempre superables y no consulta con un experto.
• No toma conciencia del problema por el
temor a empeorar las cosas, tiene miedo de que aparezca la
violencia física de su cónyuge, que le
abandone y surjan sentimientos de
hostilidad y venganza.
• Tiene gran
sentido de culpa y le surgen dudas sobre su propia conducta, acompañadas de una disminución de su autoestima.
• El abusado cree que puede
controlar la situación y que puede
cambiar al otro, o la confianza de que puede aguantarlo indefinidamente.
•
Abandona sus propios intereses y actividades: el trabajo, su propio cuerpo, la casa, los hijos… lo cual hace que se reafirme su incapacidad para construir una vida autónoma.
• En ciertas situaciones, se produce una
auto-destrucción gradual con aparición de
enfermedades físicas graves, a parte de los
trastornos psicológicos crónicos.
Una vez que la mujer
deja de relacionarse con su entorno, el abusador se convierte en algo esencial en su vida, y la víctima es bombardeada con información que distorsiona sus valores, en definitiva,
es manipulada, ya que no hay nadie que refuerce sus ideas y su propia verdad.
Su
sensación de humillación extrema hace que se crea acreedora del trato infrahumano que recibe.
Cuando el abusador la trata bien, al estar
hambrienta de cariño, lo acepta agradecida. Cuando se da cuenta de su
dependencia y su gratitud ante la menor atención de aquél, contribuye todavía más a su propia degradación con
sentimientos de culpa.
Trata de
leer la mente de su cónyuge anticipándose a sus deseos, tratando de evitar en todo caso su ira.
Su único objetivo es
sobrevivir a corto plazo, alejándose siempre de un
plan real de seguridad a largo plazo, en definitiva, está
secuestrada emocionalmente, cualquier demostración de sus sentimientos será ridicularizada y castigada y será descalificada tachándola de loca y estúpida, llegando a auto-convencerse de que es incapaz de hacerse cargo de ella misma o de divorciarse.
En definitiva, este tipo de víctimas son mujeres que
están presas, emocionalmente, de sus maridos, éstos, han procedido a lo que vulgarmente se denomina
“lavado de cerebro”.
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