Cómo tratar
al Niño Adoptado
La finalidad última de la
adopción siempre debe ser atender a las
necesidades del niño y la esencia última de la misma, es
encontrarle una nueva familia, donde pueda disfrutar de un ambiente que le integre de forma satisfactoria y en el que pueda
desarrollar una maduración afectiva y correcto crecimiento psico-afectivo. Y permita, en definitiva, su consolidación como persona.
El punto de arranque para que la adopción cumpla sus fines es el
equilibrio y estabilidad afectiva de los padres.
Los
motivos de éstos son una clave esencial para que el futuro
proceso de adopción triunfe.
Muchos procesos de adopción
fracasan porque se busca un hijo adoptivo como motivo de
distracción, como un
último intento de evitar la ruptura de la pareja o como
salvavidas de un hijo que murió, es decir, derivan de una motivación
errónea que nos lleva al fracaso.
Por tanto, debe haber una
correcta interrelación entre el hijo y los padres, pues de la misma dependerá el éxito o el fracaso de la adopción.
El
éxito de un proceso adoptivo depende, mayoritariamente, de cuál es la
actitud de los padres adoptivos, de cuál es el
clima familiar en el que el niño está enraizado y las
exigencias interculturales del ambiente.
Un
problema fundamental que se plantea con la adopción es
si se debe revelar al niño su origen. La respuesta a este punto es evidentemente
afirmativa, y derivado de este planteamiento surge el
cuándo hacerlo.
Aun cuando en este punto existen
grandes discrepancias según Vallejo-Nájera la edad ideal es
entre los 3 y 4 años.
Es evidente que llegará un momento en el que el niño
comenzará a preguntar sobre sus orígenes, y éste será el momento idóneo para revelarle su verdadera identidad.
“Los padres que hayan adoptado hijos tendrán la obligación de hacerles saber que no son sus descendientes biológicos en cuanto los menores alcancen la madurez necesaria para comprenderlo y, en todo caso, una vez hayan cumplidos los doce años”, según el borrador de la futura Ley del Libro II del Código Civil de Cataluña que ultima el
Departamento de Justicia de la Generalitat.
Lo que sí parece claro es que el niño
no deberá nunca enterarse por terceras personas de su origen, por ejemplo en el colegio, ya que el efecto
puede ser nefasto, y con consecuencias negativas tanto para él como para los padres, al
sentirse engañado por los mismos.
Hay que resaltar que es
muy importante también,
la forma en que se le dirá al niño que es adoptado, pues del contenido expresivo, dependerá la imagen que dé a sus padres naturales y la seguridad que el adoptado tenga en su familia.
Lo que sí es evidente, es que hay que
responder a todas las preguntas que el niño haga acerca de sus padres biológicos y de su adopción, contando siempre con que los padres adoptivos suelen tener una información muy limitada, sobre todo en los casos de
adopciones internacionales, al haberse llevado a cabo en países extranjeros, muy lejanos y con grandes limitaciones lingüísticas.
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